El petróleo sube un 55% por una guerra que España ha rechazado. El Gobierno baja impuestos. Las petroleras inflan márgenes y absorben la rebaja. FACUA denuncia, la CNMC investiga, Repsol sube un 26% en bolsa. ¿Quién paga la factura?
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel bombardearon infraestructuras iraníes. Irán respondió cerrando el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. En un mes, el barril de Brent pasó de 70 dólares a un pico de 126. Una subida del 55% en apenas cuatro semanas.
España no ha participado en esta guerra. De hecho, vetó el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones contra Irán y cerró su espacio aéreo a los vuelos militares estadounidenses. Pero la gasolina en los surtidores españoles ha subido como si el conflicto se librara en la A-2.
Ese 5% es clave. España importa el grueso de su petróleo de Estados Unidos (15,2%), Brasil (13,6%) y México (12,3%). Oriente Medio representa apenas el 10,7% del total. No hay un problema de suministro real para España. Hay un problema de precio global. Y ahí es donde empieza lo que nadie cuenta.
El petróleo cotiza en un mercado global. Cuando el Brent sube, sube para todos, independientemente de dónde venga tu crudo. Eso es un hecho. Pero hay otro hecho que se menciona menos: las petroleras no se limitan a trasladar la subida del crudo al surtidor. Están inflando los márgenes por encima de lo que justifica el coste real.
"El ascenso frenético del precio en las gasolineras no tiene ningún sentido."
— Propietario de una red de gasolineras española, al que las propias petroleras le venden el combustibleFACUA ha documentado que entre el 2 y el 6 de marzo se registró una subida media de 23 céntimos por litro en los surtidores españoles. Repsol encabeza la lista con un incremento de 16,5 céntimos en diésel. Le siguen Moeve (15,6 céntimos), BP (13,8) y Galp (13,0). La OCU ha denunciado la situación ante la CNMC.
La pregunta no es si el petróleo sube. La pregunta es por qué una empresa que gana miles de millones no puede asumir parte de esa subida durante un conflicto bélico que no han provocado sus clientes. ¿De verdad no pueden hacer un ejercicio de solidaridad y contener precios por una vez? La respuesta corta: pueden. No quieren.
Según un informe de Greenpeace, las compañías de combustibles fósiles están obteniendo 81,4 millones de euros diarios en ingresos adicionales solo en la Unión Europea. En un mes, más de 2.500 millones de euros extra.
En España, la cifra es de 11,5 millones de euros diarios en beneficios extraordinarios, lo que nos sitúa como el tercer mercado de la UE en este indicador, solo por detrás de Alemania y Francia.
Mientras las petroleras baten récords, la inflación sube al 3,3% en marzo, su nivel más alto en casi dos años, impulsada precisamente por los precios de los combustibles. El ciudadano paga más por llenar el depósito, más por la cesta de la compra (el transporte encarece todo), y más por la calefacción.
El 20 de marzo, el Gobierno aprobó el Real Decreto-ley 7/2026, un Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio dotado con 5.000 millones de euros. La medida estrella: bajar el IVA de los carburantes del 21% al 10%, lo que en teoría supone un ahorro de hasta 30 céntimos por litro.
"Reducción del tipo impositivo del IVA del 21% al 10% para carburantes, electricidad, gas natural, briquetas y pellets. Vigencia: 22 de marzo a 30 de junio de 2026."
En teoría, 20 euros de ahorro por depósito. En la práctica, FACUA ha denunciado que Repsol, Moeve y BP han aprovechado la bajada del IVA para subir sus precios base, absorbiendo parte de la rebaja fiscal. El ahorro que debía llegar al conductor se queda en los márgenes de las petroleras.
"La ayuda del Gobierno es una auténtica limosna que se ha acabado antes de ir a echar carburante."
— María, 34 años, empleada de una gasolineraEl Gobierno lo sabe. Por eso el decreto incluye un refuerzo de la supervisión de la CNMC sobre distribución de carburantes, con capacidad para recabar información adicional sobre precios, márgenes y grado de competencia. Pero supervisar no es intervenir. Y hasta ahora, ningún gobierno ha querido dar ese paso.
El problema no es solo español. En toda Europa, el diésel ha subido un 20% de media, alcanzando los 2 euros por litro. Los almacenes de gas estaban al 30% de capacidad tras un invierno duro, y el cierre de Ormuz ha cortado el suministro de GNL catarí justo cuando más se necesitaba.
Los economistas proyectan una inflación media del 2,4% para 2026 en la eurozona, con un pico por encima del 3% en el segundo trimestre. El crecimiento se frena al 0,8%. El fantasma de la estanflación — precios altos con economía estancada — vuelve a planear sobre Europa. Y todo por una guerra que ningún ciudadano europeo ha votado.
Ganan. Y mucho. Repsol sube un 26% en bolsa, lidera la subida de márgenes en diésel (16,5 ctm) y ofrece "descuentos" de hasta 40 céntimos que puede permitirse precisamente porque sus márgenes son históricos. El descuento es marketing; el beneficio, estructural.
Pierde ingresos fiscales (IVA del 21% al 10%) y destina 5.000 M€ en ayudas, pero no se atreve a intervenir los márgenes. Supervisa, estudia, encarga informes a la CNMC. No actúa. La solución real — topar márgenes — es políticamente costosa.
Pierden. Compran el combustible a las grandes petroleras al precio que estas fijan. No tienen margen para competir. Son los primeros en denunciar la situación y los últimos en poder hacer algo.
Pierde siempre. Paga más gasolina, más calefacción, más cesta de la compra. La rebaja fiscal que debería aliviarle se diluye en los márgenes de las petroleras. No ha elegido esta guerra. No ha votado este conflicto. Pero paga su factura.
Las petroleras pueden contener los precios. Lo que no pueden es renunciar a batir récords.
España depende un 5% de Ormuz. No hay un problema real de suministro. Hay un mercado global que fija precios y unas empresas que aprovechan cada crisis para ampliar márgenes. Lo hicieron con la pandemia. Lo hicieron con Ucrania. Lo hacen ahora con Irán.
El Gobierno baja impuestos para amortiguar el golpe. Las petroleras suben precios para absorber la rebaja. El resultado neto para el ciudadano es cero. El resultado neto para Repsol es un +26% en bolsa.
Nadie en España ha elegido esta guerra. Es un conflicto que el propio Gobierno ha calificado de ilegal e injusto. Y sin embargo, cada vez que un español llena el depósito, está financiando los beneficios extraordinarios de quienes podrían — pero no quieren — hacer algo tan simple como no subir el precio.
La guerra es de otros. La factura es nuestra. Y las petroleras cobran comisión.
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